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Dolor o Sufrimiento en el Duelo Animal

Cuando perdemos a nuestro peque, sentimos un golpe seco en el alma. El dolor llega sin pedir permiso: es inmediato, emocional y hasta físico. Nos devasta, nos arrolla, nos engulle sin ningún miramiento. Es inevitable.

Sin embargo hay algo más que suele llega después de este dolor. Llega como un invitado silencioso, filtrándose en cada rendija de nuestra mente, casi de manera inconsciente: el sufrimiento.

La diferencia con el dolor es que el dolor no se elige, sucede, se siente, nos pasa por encima. El sufrimiento, se piensa, aunque no nos demos cuenta de ello. Lo elegimos, nos aferramos a él aunque en realidad no tenga el carácter de inevitabilidad del dolor.

El dolor es natural, es una respuesta del corazón. Es esa punzada en el pecho cuando vemos su camita vacía, esa lágrima al escuchar el tintinear de una correa. El dolor está en el cuerpo, en el alma, en el momento. Es proporcional a lo que amamos, es el reverso de  ese amor que sentimos por nuestro peque.

El sufrimiento, en cambio, nace del pensamiento. Es lo que construimos sobre el dolor: “si hubiera hecho más…”, “no estuve a la altura…”, “nunca debí dejarlo solo”. Son frases que repetimos hasta convertirlas en cadenas pesadas que decidimos cargar. El sufrimiento es el intento de controlar lo que ya pasó, de luchar contra lo que duele… y al hacerlo, lo alargamos.

Decía Jung que a lo que te resistes, persiste y lo que aceptas te trasforma. Y así es, el dolor tiene una función, es la proyección de la sombra del amor. Forma parte de todos los duelos. El Sufrimiento implica lucha, implica resistencia, me niego a lo que ha pasado, a aceptar, a cómo me comporté, lo que hice, lo que no pude evitar… Lucho (y lo hago en vano) contra ese pasado aunque nadie lo pueda cambiar ya.

¿Qué sucede en el duelo animal?

Aquí, el sufrimiento se multiplica por la culpa, el juicio externo, la invisibilidad, la invalidación social que obliga muchas veces a vivir nuestro duelo de manera clandestina, la falta de herramientas y recursos para saber sostener y transitar las pérdidas.

El sufrimiento se convierte entonces en un invitado no deseado que no abandona nuestro hogar, que nos impide recordar con gratitud, que nos habla sólo de los últimos momentos, de lo que falta en lugar de lo aportado. Desintegra los recuerdos y nos llena de amargura, pudiendo encaminarnos hacia una depresión profunda, ansiedad, etc.

Estoy aquí para sostener ese dolor con respeto y amor y evitar que el sufrimiento llame a tu puerta; si ya lo ha hecho, si ya ha cruzado tu umbral podremos despedirlo para que abandone tu corazón. Podemos trabajar para disolver tu sufrimiento, ese ruido mental que confunde, esa culpa que te aprieta.  Y lo haremos a través de la terapia, el ritual y la narrativa.

Recuerda que, sentir no es sinónimo de debilidad. Es el primer paso hacia la sanación ya que cada emoción tiene su función.

Tu dolor merece espacio, merece ser validado. Tu sufrimiento merece compasión… pero no eternidad.

Espero que esta información te haya ayudado. Escríbeme ante cualquier duda a zara@cartasdesdesirio.com y comparte este artículo con quien creas que pueda necesitarlo.

Si conoces a alguien que esté pasando por el duelo animal, ¡compártelo! Juntos, podemos crear una red de apoyo y amor en estos momentos tan difíciles.

Te envío un gran abrazo,

Zara Avis